Haro (La Rioja) combina un casco histórico monumental —con su colegiata, palacios y plazas barrocas— con el Barrio de la Estación, enclave único donde nacieron las grandes bodegas riojanas junto al ferrocarril. Patrimonio, paisaje y cultura vitivinícola se encuentran aquí en un recorrido compacto y lleno de carácter.
Haro (La Rioja)

Municipio: Haro. Comarca: Haro. Provincia: La Rioja. Com. Autónoma: La Rioja
Coordenadas: 42°34′37″N 2°50′46″O. Altitud: 478 msnm. Población: 11.979 habitantes (2024)
Web: ayuntamiento
Bien de Interés Cultural (BIC): Conjunto Histórico-Artístico
Visita: 2025

Índice
Haro. La Rioja
La localidad de Haro se encuentra en el extremo noroccidental de la comunidad autónoma de La Rioja, configurándose como un territorio limítrofe con otras demarcaciones administrativas relevantes. Su posición fronteriza queda definida por el límite con la provincia de Burgos a través de los montes Obarenes al norte, mientras que al este linda con la provincia de Álava a través del cauce del río Ebro.
El territorio
Haro ocupa una posición estratégica dentro del valle del Ebro, en un área de transición entre las montañas de la Sierra de Cantabria al norte y las primeras estribaciones de la Sierra de la Demanda (Sistema Ibérico) al sur. Este enclave, a una altitud media de unos 479 metros sobre el nivel del mar, se beneficia de un paisaje modelado por el río Ebro y su afluente, el Tirón, que en sus inmediaciones configuran vegas fértiles y colinas suaves que han favorecido el cultivo de la vid desde tiempos históricos.
Las diferencias entre zonas montañosas y llanas proporcionan a la comarca una cierta diversidad ambiental que se refleja en la variedad de cultivos, la vegetación natural y las formas de asentamiento humano.

Su ubicación geográfica, ha condicionado históricamente su papel como espacio de intercambios y comunicaciones entre diferentes regiones del norte peninsular, haciendo de Haro el centro económico y cultural de la denominada Rioja Alta y referente vitivinícola de relevancia internacional.
Un poco de historia
La ciudad de Haro, situada en el corazón de la comarca de La Rioja Alta, presenta una evolución histórica que refleja las principales transformaciones políticas, sociales y económicas del norte peninsular. Su trayectoria, desde los primeros indicios de ocupación hasta la consolidación como centro vitivinícola de referencia, puede dividirse en varias grandes etapas claramente diferenciadas.
Aunque existen vestigios arqueológicos que permiten suponer la presencia humana en épocas prerromanas y romanas, pero será en la Edad Media cuando se inicie la configuración de este territorio.
Comienza como escenario de las primeras luchas de la conquista musulmana y la reconquista cristiana en el terreno comprendido entre los montes Obarenes y las estribaciones de la sierra de la Demanda como zona de conflictos entre el reino de Asturias y la Hispania islámica.
A finales del siglo IX se consolidan los primeros asentamientos definitivos de los cristianos en La Rioja. Con la reconquista definitiva del territorio, concretamente en el año 923 de la mano de Ordoño II de León (914-924) y Sancho Garcés I de Navarra (905-925), comienza la repoblación de estas tierras. En el siglo XI queda dentro de la órbita del reino de Pamplona, y en 1076 pasa al de Castilla.
La primera referencia documental de Haro aparece en el siglo XI, y adquiriendo importancia estratégica como plaza de control en la frontera entre Castilla, Navarra y Aragón. El nombre de la localidad, vinculado a un posible «faro» o señal de vigilancia sobre el Ebro, sugiere esta función defensiva temprana dependiendo del Castrum Bilibium situado al norte.
El ”faro” se convierte en el castillo de la Mota con un núcleo de caserío dentro de una cerca que constituirá la localidad de Haro. Desde 1093 la fortaleza es habitada por a Diego López de Haro I, VIII señor de Vizcaya, al otorgarles el rey castellano Alfonso VI el señorío de Haro.
En el momento del conflicto entre Alfonso I el Batallador de Aragón y Navarra y la reina Urraca de León y Castilla a comienzos del siglo XII (1109–1126), el ejército de Alfonso I construyó durante los asedios de 1116 y 1124, el “castillo nuevo frente a Haro”, o castillo de Santa Lucía, sobre un promontorio situado a poco más de trescientos metros al sureste de la muralla de Haro, con función estrictamente ofensiva: servir de base de operaciones para el asedio y hostigamiento de la población y el castillo de la Mota, que resistía bajo el control de Diego López de Haro, aliado de la reina Urraca.

De aquí que Haro llegase a tener dos castillos, de los que no queda ningún resto.

Durante el proceso de repoblación cristiana, en 1187, el rey Alfonso VIII de Castilla le otorga fuero propio, confirmado por Alfonso X en 1254, un privilegio que impulsó su crecimiento institucional, económico y poblacional.
La Baja Edad Media fue una época de consolidación urbana y de progresiva configuración de su espacio social, marcado por la existencia de grupos de comerciantes, artesanos y viticultores. La nobleza local, encabezada por el linaje de los Haro, jugó un papel destacado en el devenir político de la región.
En 1430, Juan II de Castilla transfirió el señorío a Pedro Fernández de Velasco, creando el Condado de Haro. Esta etapa se caracterizó por tensiones entre el poder condal y la población, como el levantamiento de 1520 contra los abusos de comerciantes flamencos y privilegios feudales.
Durante los siglos XVI y XVII, Haro experimentó un importante desarrollo económico, gracias en buena medida al comercio del vino y a su ubicación privilegiada en la ruta entre Castilla y el norte peninsular. La villa reforzó su estructura urbana con nuevas construcciones religiosas y edificios civiles de gran porte.
Durante la Guerra de Sucesión (1701-1714), Haro apoyó a Felipe V, albergando en 1710 a la reina María Luisa Gabriela de Saboya en el palacio de los Salazar. Este gesto le valió el título de “Muy Noble y Muy Leal”.
El siglo XIX marcó un punto de inflexión. En 1833, con la creación de la provincia de Logroño, Haro se desvinculó de Burgos y se erigió como cabeza de partido judicial.
Las Guerras Carlistas afectaron a Haro de forma directa, dada su posición estratégica en el Alto Ebro.
Sin embargo, el verdadero impulso contemporáneo vino de la mano de la expansión de la industria vinícola.
La llegada del ferrocarril en 1880 impulsó la construcción del barrio de la Estación, facilitando la exportación de vinos y marcando una transformación urbana y social profunda.

La introducción de técnicas vitivinícolas modernas, en parte gracias a la colaboración con técnicos franceses afectados por la filoxera, permitió que Haro se posicionara como uno de los centros productores más importantes de España bajo la Denominación de Origen Calificada Rioja.
Durante el siglo XX, Haro atravesó momentos de expansión y dificultades. La Guerra Civil Española y las etapas de posguerra impactaron la economía local, aunque el sector vitivinícola se mantuvo como un pilar fundamental.
En las últimas décadas, el turismo enológico, el reconocimiento internacional de los vinos de La Rioja y las políticas de protección patrimonial han permitido a Haro reforzar su identidad histórica, manteniendo tradiciones como la Batalla del Vino, síntesis de su identidad histórica y agroindustrial.
La configuración demográfica de Haro refleja una población relativamente estable, con ligeras fluctuaciones asociadas a los ciclos económicos del vino y el turismo.
El urbanismo de la localidad conserva las huellas de un crecimiento pausado y adaptado a su entorno inmediato.
En la actualidad, la ciudad histórica, con su núcleo compacto y calles de trazado irregular, contrasta con las áreas de ensanche y polígonos industriales surgidos a partir del siglo XX. Las famosas bodegas de Haro, muchas de ellas ubicadas en el histórico Barrio de la Estación, no solo han transformado el paisaje económico, sino que también han condicionado el paisaje construido, introduciendo edificios industriales de alto valor patrimonial.
La orografía del recinto urbano explica la disposición de la ciudad histórica a partir del castillo de La Mota, en el punto más elevado dominante sobre el valle del Ebro, y la disposición del caserío a sus pies por el lado sudoeste.
Por otra parte, la existencia de un segundo promontorio en la zona sur, a unos 350 metros de las murallas, aporto una posición estratégica para construir el “castillo nuevo ante Haro” o de Santa Lucía para atacar y controlar la villa de Haro en el siglo XII en el conflicto entre Urraca de Castillo y León y Alfonso I de Argón y Navarra ya citado. Aunque perdiese su función ofensiva, sirvió de eje para la expansión urbana a sus pies de un arrabal amurallado.
En 1842 el Ayuntamiento ordenó la destrucción de ambas fortificaciones, de las que no queda ningún resto.
La visita a Haro
Presentaré el recorrido por tramos de calles, primero del centro histórico y a continuación del barrio de la Estación.
Centro histórico

Entrada desde Puente Río Tirón / c. Navarra / c. San Roque
Pasado el puente del río Tirón un montaje artístico (1) nos da la bienvenida.
A la izquierda, una explanada esta acondicionada como aparcamiento (P).

A partir de este punto se inicia la subida a la calle Navarra.

La calle Navarra nos llevará hasta la plaza de la Paz pasando junto a la torre.

Fábrica de Aguardiente
Si nos adentramos por la primera calle a la derecha entraremos en contacto con el primer vestigio de la actividad agroindustrial vinícola. La antigua Fábrica de Aguardientes Compuestos y Licores Bernal San Ildefonso y Cia. (2) fuera de uso.


Plaza de la Paz
Torreón Medieval. Museo de arte contemporáneo
La llegada a la plaza de la Paz (3) nos pone en contacto con el extremo sudoeste del primer recinto amurallado, donde se alza la torre medieval o torreón (4). Es uno de los pocos vestigios que queda de la muralla.
Era una torre esquinera de la muralla construida en el siglo XIV y reformada posteriormente. Primero para convertirla en torre residencial y, actualmente adaptada al conjunto del Museo del Torreón, de arte contemporáneo.
Se trata de una torre de planta cuadrangular, construida en sillarejo con sillares de arenisca esquineros de refuerzo. Remata con matacanes con ménsulas labradas unidas por arquillos de medio punto irregulares.
En el siglo XV se destinó a prisión y en 1559 se cedió al doctor Rabanera, convirtiéndose en vivienda particular. Los grandes vanos de tres pisos deben corresponder a este momento en que, perdida su función militar, se reconvierte en residencia adosándose a la casa del lado derecho.
Los añadidos más modernos desvirtúan a mi parecer la imagen del torreón. Por el lado izquierdo con un muro de cristal y piedra y, sobre la terraza, una plataforma volada sobre un acristalado que parece un helipuerto encasquetado.

La casa de la derecha, que formaba parte de la vivienda del doctor Rabanera muestra una portada del siglo XVIII, con el vano de arco conopial moldurado y una rica decoración tallada en piedra arenisca fina. Está flanqueada por pilastras decorativas que rematan en un tejaroz soportado por canecillos.
A su lado, la puerta de San Bernardo.


En este rincón urbano se ha colocado una de las esculturas urbanas distribuidas por toda la ciudad representando oficios típicos de la zona. En este caso el vinatero.

Puerta de San Bernardo
La puerta de San Bernardo (5) es una de las dos puertas de la muralla Alto Medieval que subsisten, junto a la de Santa Bárbara.
Es una sencilla puerta de arco de medio punto en sillería.

La plaza de la Paz
Extramuros de la muralla medieval frente al lienzo sur, entre la puerta de San Bernardo y la puerta de la Villa, ya en el siglo XIII se habilitó un espacio rectangular en el que se ubica la plaza de la Paz (3). La también denominada plaza Mayor, plaza Nueva o plaza del Arrabal, constituye la plaza más importante de la ciudad.
El centro de la plaza está ocupado por un templete o quiosco de música del año 1930, de planta ochavada obra del escultor Manuel Anzuela.

En la esquina oeste desemboca la calle Navarra con el Torreón. El lado norte está formado por el lienzo sur de la muralla, reconvertido en zona señorial.


El lado de levante está presidido en el lado izquierdo por el edificio del Ayuntamiento.

El resto lo ocupan edificaciones del siglo XX, con ejemplos de casas acristaladas o de estilo racionalista.

Palacio de Bendaña (Palacio Paternina) (Oficina de Turismo)
Uno de los edificios emblemáticos de Haro es el palacio de los Ollauri o de los Bendaña (6), y en época contemporánea vinculado a la familia Paternina, es una de las muestras más representativas de la arquitectura civil nobiliaria en Haro, donde se ubica la Oficina de Turismo.
El palacio es un sólido edificio barroco del siglo XVIII, de planta rectangular, construido en sillería de piedra arenisca bien labrada.

Interior de la Oficina de Turismo.

Ayuntamiento de Haro
El edificio del Ayuntamiento de Haro (7) es considerado la obra civil más importante y mejor conservada de la ciudad. Se trata de un edificio neoclásico del siglo XVIII, construido en piedra de sillería, que destaca por su sobriedad y elegancia. La fachada principal luce un escudo barroco de la ciudad y una inscripción que reza: “Reinando Carlos III / Año de 1769”, en referencia al monarca bajo cuyo reinado se erigió el edificio. Sobre el frontón superior de la fachada se encuentra un reloj, instalado en 1857.
El proyecto inicial fue trazado por José de Ituño en 1768, pero fue modificado y supervisado por el arquitecto Ventura Rodríguez, supervisor de las obras que se hacían en España con fondos públicos.
Desarrollado en dos alturas, con cuatro aberturas por planta de arcos de medio punto. La planta baja presenta un doble soportal. Uno exterior que se prolonga en las casas de este lado de la plaza, y otro interior que da entrada a las dependencias municipales. La cuarta puerta del lado derecho constituye una vía de paso hacia la calle Ingeniero Sánchez del Río.
El piso superior consta de balcón esquinero corrido con los cuatro grandes arcos de medio punto entre pilastras toscanas pareadas, rematados en entablamento y frontispicio recto entre alerones con bolas en los extremos, en el que se sitúa un reloj y la inscripción citada.
Las viviendas que continúan este lado de la plaza son de los siglos XVII, XVIII y XIX.
El balcón publicita expresivamente la consideración de Haro Capital del Rioja, reforzada por el apilamiento de barricas que rellenan dos de los arcos.



Calle Santo Tomás / Pl. San Martín / Pl. de la Iglesia / Cjon. Santiago/ c. Soledad
Por la esquina izquierda del Ayuntamiento se accedía al recinto murado por la Puerta de la Villa o puerta de Portares desaparecida hacia 1925, entrando por la calle Mayor o calle Santo Tomás (8).
El muro de la plazoleta que dejó visible el derribo se ha recubierto con un mural claramente alegórico al papel del vino.

La calle perfila perfectamente la torre de la iglesia de Santo Tomás.




A partir del mediodía, la calle Santo Tomas y alrededores se convierte en el centro del “tasqueo” típico de esta zona conocida como “la herradura” de Haro.

Desviándonos a medio camino de la calle hacia la izquierda nos adentramos en la recoleta plaza de San Martín (9), con agradable sabor medieval, a pasar de la farola rojiza y de los bancos neomodernistas.


Una callejuela medieval lleva también a los pies de la iglesia de Santo Tomás.

Así se llega a la que fue plaza Mayor de Haro, hasta la construcción de la plaza del Ayuntamiento en el siglo XVIII.
Iglesia Colegiata de Santo Tomás
Bien de Interés Cultural (BIC)
La iglesia colegiata de Santo Tomás Apóstol (10), se situó en el cerro de La Mota o La Atalaya de Haro, en el ámbito territorial del castillo de la Mota. Es uno de los monumentos más emblemáticos de La Rioja, visible desde numerosos puntos de la ciudad y su entorno.
Su construcción se extendió desde 1512 hasta 1725, lo que explica la coexistencia de varios estilos artísticos. Del gótico tardío destaca la cabecera poligonal ochavada y los primeros tramos, con bóvedas de crucería estrellada y arcos apuntados. El estilo renacentista se aprecia en la nave y en la portada principal, obra de Felipe Bigarny. Mientras que el barroco se manifiesta en la torre, el retablo mayor, el órgano, así como la sacristía y el coro
El primer contacto se produce con la torre-campanario barroca, que sobresale del ángulo interior del templo, a los pies en el lado de la epístola.
De 68 metros de altura, se alza con tres cuerpos sobresalientes respecto al cuerpo del templo. El primero de planta cuadrada y los superiores octogonales, con influencias del barroco italiano. La torre, construida en los siglos XVII y XVIII, está profusamente decorada con jarrones, arbotantes, esculturas de santos riojanos y gárgolas, y culmina en una linterna con cupulino, veleta y cruz. Esta torre sirvió de modelo para otras torres de la región.
En el cuerpo cuadrado de la torre se encuentra el conjuratorio, una ventana desde la que se realizaban rituales para conjurar tormentas y pedriscos, tradición muy arraigada en la zona.



Como he indicado, el otro elemento destacado del exterior es la portada principal, orientada al mediodía y concebida como un auténtico retablo pétreo de estilo renacentista. Esta obra maestra fue realizada entre 1512 y 1525 por el escultor Felipe Bigarny.
La portada está situada en el penúltimo tramo del templo, en el lado de la epístola. Encajada entre dos contrafuertes, está protegida por un gran arco de medio punto alineado con ellos.

A la manera de retablo, se estructura en tres cuerpos verticales divididos en seis calles y rematados por un ático. En las hornacinas laterales se disponen los doce apóstoles, todos con vestimenta talar salvo Santiago el Mayor, que aparece como peregrino, en alusión al Camino de Santiago y su importancia para la región.
Las dos puertas de acceso, separadas por un parteluz, se enmarcan bajo un friso decorado con cabezas de ángeles. Sobre ellas, dos tímpanos semicirculares representan escenas clave: la incredulidad de Santo Tomás, introduciendo su mano en el costado de Cristo, y la aparición de Jesús resucitado ante los apóstoles. Más arriba, cuatro relieves narran episodios de la Pasión: la flagelación, la coronación de espinas, Jesucristo ante Caifás y el Calvario. El conjunto culmina en el ático con la imagen de Cristo en majestad, portando la corona imperial y el orbe, flanqueado por los escudos de los Fernández de Velasco, señores de Haro.


Al introducir en La Rioja el lenguaje renacentista italiano marca la transición entre el gótico tardío y el renacimiento en la arquitectura religiosa de la región.
El resto de los laterales presentan menor desarrollo decorativo, pero permiten observar la secuencia de capillas laterales entre contrafuertes.
En la cabecera, el ábside poligonal se conserva con su estructura original del gótico final, incluyendo ventanas apuntadas con tracería simple y potentes contrafuertes que articulan su volumen. En la parte baja sobresale un absidiolo.
Por el exterior del ábside en el lado del evangelio se adosa una construcción poligonal octogonal con linterna que corresponde a la sacristía barroca.


A los pies del templo se levantó un pretil separado del muro para protegerlo de los corrimientos de tierra del monte. En este pasadizo existe una entrada auxiliar. En el momento de la visita albergaba los pasos procesionales para las procesiones de Semana Santa.

La planta del templo es del tipo basilical de salón, con tres naves de igual altura y cuatro tramos, más ancho el primero, separadas por robustos pilares y cubiertas por bóvedas de crucería estrellada.


La nave central y las laterales se unen a la cabecera mediante un gran arco triunfal y dos arcos ojivales laterales.
El ábside poligonal alberga el retablo mayor y el coro, funcionando como punto focal del espacio.
El retablo mayor es una obra clave del barroco riojano, realizado en el siglo XVIII. Se organiza en tres cuerpos y cinco calles, con columnas salomónicas, hornacinas y un programa iconográfico centrado en la vida, martirio y glorificación de Santo Tomás Apóstol.


En el centro del retablo, se abre un arco de medio punto ocupado por un sagrario en templete construido en 1715, con el sagrario de 1757. Configura una pieza central y destacada del retablo, de gran tamaño y elaborada en madera policromada y dorada, acorde con el estilo barroco del conjunto. Una arqueta de madera bajo el sagrario acoge reliquias de San Felices patrono de Haro y de San Millán de la Cogolla.

Por los laterales del retablo se entra a un camarín que es la capilla de la soledad o del Santo Sepulcro, que constituye el absidiolo que sobresale en el exterior. Profusamente adornado tiene una bóveda con pinturas referentes a la Pasión, Resurrección y Ascensión.


A los pies, el coro elevado con el órgano.

La cubierta de crucería da ocasión a que los nervios adopten la forma palmeada.
La igual altura de las tres naves permite que en cada tramo se abran ventanas con vidrieras que proporcionan luz al templo.


La sacristía ocupa el anexo octogonal que hemos visto en el exterior. Es de arquitectura y decoración barrocas realizadas hacia 1770. Está cubierta por una cúpula y decorada con yeserías de rocalla, además de albergar mobiliario artístico y diversas imágenes religiosas.


El baptisterio parece más un almacén que un lugar sagrado.

Escalera por la que se asciende al coro elevado.

En un lateral del templo se expone una colección de cuadros tenebristas de la Escuela de Caravaggio (siglo XVII) de gran formato y de gran interés.



También se exhibe una réplica de la “Sábana Santa” a escala 1/1 del original que se encuentra en Turín.

Mirador
Ascendiendo por la `parte posterior de la iglesia de Santo Tomás nos encontramos en el cerro de la Mota, donde se ubicaba el primer castillo (CM). En este punto se dispone de un magnífico mirador sobre el valle del Ebro (11)y el punto de encuentro con el río Tirón.
Detrás del río Tirón se ubica el barrio del Ferrocarril, punto de concentración de numerosas bodegas.



Palacio de los Condes de Haro
Al parecer, el llamado palacio de los Condestables o de los Condes de Haro (12) ubicado en la plaza de la Iglesia, a los pies de la parroquia de Santo Tomás, en realidad nunca fue suyo. Esta casona intramuros de la villa, en la entonces plaza Mayor de Haro, perteneció a los Ollauri, importante linaje de la villa, y de ellos es el escudo.
Se trata de una casa señorial del siglo XVIII con la fachada de sillería de arenisca, cuidadosamente labrada, de composición simétrica, de tres alturas.
En la planta baja, se abre una portada adintelada enmarcada por dos pares de columnas salomónicas pareadas con guirnaldas, sobre la que descansa el gran escudo nobiliario esculpido en piedra. A cada lado un pequeño vano cuadrado.
En la planta principal, destacan balcones rectangulares con forja de hierro, alineados sobre los vanos inferiores, con el blasón en el centro. La última planta, de menor altura, presenta vanos más pequeños y marca el remate de la fachada bajo un alero de madera sobresaliente, decorado con canes tallados, al estilo riojano.



Regresamos por la calle Santo Tomás hasta la plaza de la Paz para proseguir el recorrido por el callejón que parte del ayuntamiento hasta la calle Siervas de Jesús.
Calle Siervas de Jesús / c. Prim / c. Lucrecia Arana / Pl. de la Cruz / c. Conde de Haro
Por la cuarta arcada a la derecha del edificio del Ayuntamiento se entra en un callejón que por el lateral del Ayuntamiento prosigue una zona porticada.

En la esquina nos encontramos con otra de las esculturas de artesanos, en este caso el tonelero.

Siguiendo el muro izquierdo de las edificaciones se abre la calle Siervas de Jesús, donde las casas del lateral izquierdo siguen el recorrido de la muralla medieval sustituida por casas palaciegas y señoriales.
Palacio de los Salazar
Bien de Interés Cultural (BIC)
Entre el conjunto de fachadas, muchas de ellas acristaladas al estilo riojano, destaca una sobria construcción de tren niveles, con dos vanos originales adintelados en la planta baja, dos más elaborados en el primer piso, con un balcón corrido, y una terraza cubierta formando una galería solana sobre cinco vanos de arco de medio punto y alero. Este edificio constituye la parte trasera del palacio de los Salazar (13) cuya entrada principal está situada intramuros en la calle de la Paz.
Este hecho, igual que la entrada principal al palacio de los Ollaurri por la calle San Martín, no está explicado en los folletos que distribuye el Ayuntamiento.


Puerta de Santa Bárbara
Al final de la manzana se encuentra, en situación muy deteriorada, la puerta de Santa Bárbara (14) que se abría al lado de levante del recinto medieval.

Palacio de Tejada
En la confluencia de la calle Prim y la calle Laín Calvo con la calle Lucrecia Arana se forma un espacio triangular presidido por el palacio de los Tejada (15).
Este palacio data de los siglos XVII y XVIII, aunque el nombre Tejada con el que se le conoce actualmente procede de un propietario del siglo XX, alcalde en 1936.
De estilo barroco recargado y fábrica de sillería, tiene tres plantas divididas por cornisas. En la parte baja del frontal dos ventanas con frontones rotos flanquean la puerta de entrada, todos adintelados.
En la primera planta un balcón sobre ménsula, y a cada lado una hornacina con un busto y frontón roto sobre columnas. La tercera plante hay dos balcones sobre ménsulas y un escudo heráldico en el centro.
El alero de la cubierta con canes tallados de madera descansa sobre un gran friso alto con triglifos y metopas.
Las esquinas del edificio están enmarcadas con pilastras.

El edificio esquinero de la confluencia con la calle Víctor Pradera (16) es una llamativa construcción de color blanco del año 1930, de estilo ecléctico y aumentando la altura a cinco niveles. En este caso, las vidrieras de los miradores han dejado de ser de madera para pasar a ser de obra.

Por el camino no dejamos de observar casas blasonadas aun cuando sean de porte más sencillo.

Al igual que son persistentes las balconadas acristaladas de madera.

Palacio de los Ángel
Al final de la calle Lucrecia Arana se forma la plaza de la Cruz presidida por el palacio de los Ángel (17). Mandado construir por la familia de los Ángel en 1760.
Consiste en una edificación barroca también recargada, de planta cuadrangular y cuatro niveles.
Como se observa en la fotografía, se encuentra en fase de rehabilitación, siendo parcialmente visibles solamente las dos plantas superiores. El segundo piso, que en este caso es el principal, con balcones sobre ménsulas y marco mixtilíneo de trazos curvilíneos. En el centro un gran blasón.
El cuarto nivel de menora altura y, por encima el alero sobre canes de madera tallados de una cubierta a cuatro aguas con una linterna central.


Siguiendo el recorrido por las calles de Haro del ensanche a partir de la ciudad amurallada medieval, subsiste la presencia de la sillería de piedra y de los balcones de vidrieras.


Plaza Monseñor Florentino Rodríguez / c. San Agustín
Llegamos por la calle Conde de Haro a la plaza Monseñor Florentino Rodríguez, nuevamente un espacio triangular, donde se concentran importantes edificios de distintas épocas.
Antiguo Banco de España
El primer contacto es con un edificio de principios del siglo XX (1922-1925) donde se ubica la nueva sede del Banco de España (18).
Los bodegueros riojanos demandaron una sede del Banco de España más cerca de sus intereses que el más lejano Logroño, como capital de provincia. Consiguieron que se inaugurase una primera seda en la calle Siervas de Jesús, que después se trasladaría al este edificio definitivo.
Se trata de un edificio exento de planta rectangular, tres alturas y fábrica de sillería. Tiene el estilo clasicista propia de los edificios estatales institucionales de la época.
Fotografías del frontal y el lateral del edificio.


Teatro Bretón de los Herreros
El lateral de poniente, que se adentra en la calle san Agustín, lo ocupa dos grandes edificios. El de la esquina norte corresponde al teatro Bretón de los Herreros (19) mientras que el de la esquina es el exconvento de San Agustín (20).
El teatro se alza en el lugar que ocupaba la iglesia del convento cuando este pasó a manos del Ayuntamiento en 1839 tras la desamortización de Mendizábal.
La nueva edificación del teatro es del año 1841, de estilo neoclásico.
La fachada tiene tres niveles. La entrada de la planta baja está formada por tres puertas de arcos de medio punto. El primer piso tiene tres vanos adintelados que dan a un balcón corrido con antepecho de hierro forjado.
En el segundo piso se abren tres vanos rectangulares simples.

Exconvento de San Agustín
El exconvento de San Agustín (20) era un edificio exento que ocupaba toda la manzana. Como se ha dicho, se conserva una parte, la correspondiente al claustro y sus dependencias, actualmente reconvertido en hotel.
Los orígenes del convento son del siglo XIV, situado extramuros de la villa. El edificio que se conserva corresponde a una reconstrucción del siglo XVIII.
Externamente, la fachada muestra tres niveles internos en el lado derecho de la portada, y cuatro en el lado izquierdo.
Destaca la portada, obra de Pedro de Olaechea de 1704, con un acceso adintelado con un angelote arrodillado como clave. A los lados pilastras toscanas casetonadas o almohadilladas con rombos, y en la parte superior un entablamento con friso de guirnaldas y máscaras.
En el piso superior un balcón de marco moldurado roto con el escudo de la orden agustina encima y relieves a los lados en cartelas e inscripciones muy borradas alusivas a su fundación.


La edificación del ángulo sur correspondía a la capilla de las monjas que atendían el hospital de la Magdalena, instalado aquí a principios del siglo XX,
Una sencilla portada de medio punto con un óculo en la parte superior, y por el lado meridional se cierra con un muro con contrafuertes y ventanas.


El claustro de planta cuadrada, ahora reconvertido en gran salón con una cubierta acristalada, tenía tres niveles. El inferior con las cuatro pandas de seis arcos de medio punto cada una.
Los dos niveles superiores con vanos adintelados y óculos.

Un mosaico de cerámica adosado a un muro del claustro nos informa de los distintos usos de este edifico a lo largo de la historia desde su fundación en 1373: convento, guarnición militar, hospital militar, cárcel y hotel.
Leyendo las diversas descripciones de esta edificación parece que se han quedado cortos en las distintas funciones, pues también se le cita como escuela, hospital civil o casa de caridad.

Como reflejo de su uso como cárcel, los bajos de los pilares del claustro están repletos de inscripciones realizadas por los presos sobre los sillares de arenisca.




Avenida Rioja / c. Grecia / c. de la Vega / Pl. Marqués de Francos
Fábrica de Harinas
Prosiguiendo el recorrido, en la avenida La Rioja, frente al lateral del convento, encontraremos otro establecimiento agroindustrial, la Fábrica de Harinas Ángel Azofra Solano, Daveiro, Henrici y Cia (21).

Al final de la calle se llega a la plaza Marqués de Francos, una plaza triangular alargada presidida al fondo por la Basílica de Nuestra Señora de la Vega.

Quiosco de música
Al fondo de la plaza se alza una sorprendente edificación por su contraste estético con la arquitectura dominante en Haro y con el entorno inmediato. Se trata de un quiosco de música y bar (22), obra del arquitecto municipal José Luis López de Uralde Elorza del año 1938.
Sobre un cuerpo bajo de planta circular seccionada por su parte trasera, donde ubicar el bar y servicios, se levanta un aéreo cuerpo superior que hace gala de su solución estructural en voladizo formada por una lámina continua de hormigón, pintada de blanco, para servir de protección a los músicos.

Basílica de Nuestra Señora de la Vega. Museo de la Virgen de la Vega
Por detrás del quiosco sobresale el templo barroco de la basílica de Nuestra Señora de la Vega (23).

En el siglo XI el lugar estaba ocupado por un santuario, extramuros de la villa. La devoción por la virgen de la Vega, patrona de Haro junto a San Felices, llevó a la construcción de un nuevo templo en el siglo XVII, agrandándolo entre 1703y 1731, quedando como hay se conoce.
El edificio del templo en sentido estricto es rectangular, si bien el tramo frontal del ábside, al tiempo que reduce su altura, sobresale por el lado del evangelio. En él se observa cuatro óculos circulares y una pequeña espadaña para una campana en el centro.
Sobre el crucero sobresale un cimborio octogonal con una ventana rectangular de iluminación por lado. La cubierta de teja esta remada con un chapitel con veleta.
El resultado final fue una construcción en sillería, mampostería y ladrillo.


Por los pies se halla incorporada una construcción que prolonga el cuerpo y la entrada lateral del lado de la epístola. Se trata de la llamada casa del ermitaño, el Museo de la Vega.


Posee dos entradas, una por cada lado situadas en el tercer tramo. La del lado del evangelio, que da directamente al exterior, es una portada neoclásica con arco de medio punto, pilastras y frontón de volutas.

Mientras que la entrada por el lado de la epístola, que hace las funciones de entrada principal, lo hace a través de un zaguán que sobresale por ese lado a través de un gran vano de arco de medio punto que enmarca una portada renacentista, con una espadaña de tres campanas.


El interior es lo más sobresaliente del templo, especialmente el retablo mayor y la cúpula.
La planta rectangular está formada por una nave central muy ancha en relación con las dos laterales, y cuatro tramos -el último dividido en dos-, con crucero y cabecera rectangular.
El retablo mayor está situado en el centro de la cabecera rectangular, dejando por la parte posterior una especie de capilla-camarín para acercarse a la Virgen por la parte posterior.
Los soportes del templo son arcos de medio punto separados por pilastras cruciformes corintias y toscanas, y las cubiertas, bóveda de aristas en la nave central, bóveda de lunetos o cañón longitudinal en cabecera, naves laterales y brazos del crucero, y cúpula con linterna sobre el crucero.
A lo largo de cada lateral, al nivel de base de los arcos de la cubierta está recorrido por un balcón corrido adaptado al trazado con baranda metálica. Elemento poco corriente en este tipo de construcciones.

El retablo mayor barroco es de mediados del siglo XVIII. Compuesto por un banco, cuerpo principal y ático semicircular como remate. En el centro, dentro de un vano con arco de medio punto, la imagen gótica de la Virgen de la Vega. El óculo que se abre por detrás de la Virgen es de gran efecto escenográfico al proporcionar un foco de luz que resalta la silueta de la imagen a través del vano. Es un ejemplo de presentación escenográfica propia del barroco.

La Virgen de la Vega es una talla policromada de madera de estilo gótico del siglo XIV representada en posición sedente con el Niño en el regazo izquierdo.

En los dos últimos semitramos un coro elevado con el órgano.

Pinturas del coro de Cristóbal de Villanueva de 1838.

Las pinturas murales de la capilla mayor y crucero son barrocas de mediados del XVIII realizadas por en Francisco del Plano (1727), y las de la cúpula del crucero por Francisco Zorrilla (1745).


Por el resto del edificio se prodigan las pinturas murales.


Calle de la Vega-Plaza Marqués de Francos / c. Tirón / Avda. Ingenieros del Ministerio de Obras Pública / calleja San Roque / c. de la Vega
Regresamos por la calle de la Vega-Plaza Marqués de Francos hasta enlazar con la calle Tirón y la esquina con la avenida Ingenieros del Ministerio de Obras Públicas (MOPU).

Muralla urbana
En este punto se publicita unos restos de la muralla urbana (24) de Haro.
En efecto, al descender por la calle Tirón se observa un muro de mampostería que se prolonga por la avenida Ingenieros del MOPU.

Al parecer, aunque no se encuentra información en Internet, en la Baja Edad Media o la Edad Moderna, existió una muralla que envolvía el arrabal hasta este punto y después se dirigía hacia el cerro del Alto del Castillo y que debería encontrarse con el lado de levante la muralla medieval.
Lo único cierto es la existencia de este trozo de muralla, completamente descuidado, aun cuando un indicador la señala como tal muralla.
Por los restos visibles, parece que estaba formada por la muralla, con cubos esquineros con y troneras de orbe y palo como el que se observa en la fotografía. El muro situado al borde de la calle parecería corresponder a una antemuralla. Es todo lo que se decir.


Continuamos hasta la calleja San Roque para enlazar con la calle de la Vega, que lleva hasta la Plaza de la Paz, y ver en primer lugar el palacio de las Bezaras.
Palacio de las Bezaras. Centro Cultural Caixabank
Otro de los edificios barrocos importantes de Haro es el palacio de las Bezaras (25), construido en 1738. Recibe el nombre de las Bezaras, las cuatro hermanas que lo heredaron por diferentes vías.
Es una edificación de sillería bien labrada de tipo clasicista de línea sobria. Presenta dos plantas en la fachada principal y tres en la posterior debido al desnivel del terreno. En la fachada principal vemos cinco vanos en la planta baja, el central una puerta adintelada, y cinco balcones sobre ménsula de piedra en la superior, con los escudos a cada lado del balcón central de las familias de los Santervás y de los Espinosa.



Sobre todo, este tramo de la calle de la Vega que parte de la plaza de la Paz, aparece como uno de los más céntricos y señoriales de la actualidad.

En la plaza de la Paz habremos terminado el recorrido por el centro histórico de la ciudad de Haro.
Nos queda por visitar el barrio de la Estación, un barrio periférico junto a la villa medieval, al otro lado del río Tirón, de gran trascendencia en la evolución socioeconómica de Haro.
Barrio de la Estación

El Barrio de la Estación de Haro (26) es un espacio urbano singular, situado al norte del núcleo histórico de la ciudad, alrededor de la vía férrea que une Logroño con Miranda de Ebro.
A lo largo del siglo XIX y buena parte del XX, este barrio se consolidó como centro neurálgico del desarrollo vitivinícola de Haro y de La Rioja, integrando en pocos cientos de metros una estación ferroviaria, un conjunto de bodegas centenarias y una estructura industrial de apoyo al comercio del vino.
El barrio surgió en torno a la estación del ferrocarril inaugurada en 1863, en el marco del desarrollo del ferrocarril del Norte, que conectaba Madrid con Irún a través de Miranda de Ebro y Logroño.
Con ello, Haro se convirtió en puerta de salida del vino riojano hacia mercados nacionales e internacionales, especialmente hacia Francia, afectada por la crisis de la filoxera.
El vino se transportaba en trenes con vagones-cuba (27) de roble francés, como los que se exhiben en la plaza de entrada al barrio.
Como nos señala el cartel sobre uno de los vagones, Fue especialmente importante la exportación desde Haro a Burdeos entre 1877 y 1903, para suministrar caldos a esta región francesa cuando la filoxera aún no había llegado a España.
Se considera que esta concentración facilitó no solo la logística, sino también la competencia técnica e innovación, impulsando el desarrollo de estándares de calidad que influirían decisivamente en la posterior denominación de origen Rioja.
La recuperación patrimonial y turística de los últimos años ha conllevado la restauración y modernización de varios de estos edificios, al tiempo que muchas bodegas ofrecen visitas guiadas, catas, museos y actividades culturales.
A continuación, muestro fotografías de algunas de estas bodegas.
Bodegas Muga
La torre de las bodegas Muga (27) ofrece la impresión de encontrarnos ante una catedral del vino.


Bodegas Viña Tondonia. Edificio de Zaha Hadid
Las bodegas Viña Tondonia (28) aportan un toque de modernidad a través de la inclusión en el entorno tradicional del edificio de la arquitecta Zaha Hadid.






Bodegas Roda
El último ejemplo corresponde a las bodegas Roda (29) donde en cualquier momento se puede efectuar una cata de sus vinos a la vista de las barricas de su bodega.


Fin de la visita
Visitar Haro es recorrer una ciudad donde la historia, el urbanismo y el vino han tejido, a lo largo de los siglos, una identidad singular. En su núcleo histórico se conservan los principales testimonios del pasado medieval, renacentista y barroco, mientras que, a escasos metros, el barrio de la Estación da testimonio de la revolución vitivinícola que marcó el siglo XIX y que se mantiene más viva que nunca. Juntos forman un conjunto patrimonial coherente, accesible y profundamente evocador.
Esta dualidad permite a los visitantes explorar tanto la herencia medieval y renacentista de la ciudad como su papel como epicentro de la industria del vino de Rioja durante los últimos 150 años. La experiencia combina arquitectura histórica, gastronomía local y enoturismo de primer nivel, ofreciendo una inmersión completa en la identidad riojana.
La visita a Haro revela cómo una ciudad de 12,000 habitantes ha sabido preservar su patrimonio mientras se posiciona como referente enoturístico global.
Bases de información
Webs
Haro
municipio
haroturismo
wikipedia
arteguias
haroorg
lariojapremium
lariojaturismo
Barrio de la Estación
turismorioja
barrioestacion
vinoseleccion
Webs academic
Wikipedia. Historia de Haro
Wikipedia. Historia de La Rioja
Sáenz Rodríguez, Minerva. Haro histórico. El patrimonio artístico de la ciudad de Haro
José Manuel Ramírez Martínez. La configuración urbana de la villa señorial
Foncea López, Rosana. Aportación al estudio de la muralla y el torreón de Haro
Andrés Valero, Sebastián. La Rioja en la Corona de Castilla
Goicolea Julián, Francisco J.. Poblamiento y organización político-adminstrativa de las comunidades medievales del término de Haro en los siglos X-XII
Consultora Hiria UP. «Debilidades y fortalezas» de Haro
