En Bodegas Bentomiz (Sayalonga, Málaga), podemos saborear vinos de las D.O. “Málaga” y “Sierras de Málaga”, en una moderna bodega integrada en el paisaje de la Axarquía.
Bodegas Bentomiz (Málaga)

Dirección: Finca El Almendro Pago Cuesta Robano. Municipio: Sayalonga. Comarca: Axarquía-Costa del Sol. Provincia: Málaga. Com. Autónoma: Andalucía.
Coordenadas: 36°48’32.3″N 3°59’50.6″O. Altitud: 512 msnm
Web: bodegasbentomiz
La bodega abre de miércoles a domingo durante todo el año, con reserva previa.
Visita: 2025

Índice
Bodegas Bentomiz. Axarquía-Costa del Sol. Málaga
Las tierras de Málaga son un buen territorio para adentrarse en la cultura del vino ya que cuentan con las denominaciones de origen “Málaga” y “Sierras de Málaga”.
En nuestro recorrido optamos por ir a la zona de la Axarquía malagueña y concretamente a la Bodega Bentomiz, en Sayalonga, productora de vinos acogidos a ambas denominaciones.
Lugar de visita: Bodegas Bentomiz
Bodegas Bentomiz es una pequeña bodega de carácter familiar situada en la Finca El Almendro, en plena Axarquía malagueña, al noreste del casco urbano de Sayalonga y casi al límite de su término municipal hacia Cómpeta.
Se trata de una parcela de forma irregular, que presenta una topografía con una pendiente considerable, inclinada hacia el oeste.
El acceso a la finca se encuentra aproximadamente a 2,5 km del casco del pueblo a través de la carretera Algarrobo-Sayalonga-Cómpeta (A-7206) y camino particular.
La bodega
El establecimiento ocupa una ladera de fuerte pendiente orientada hacia el Mediterráneo, entre los relieves de las sierras de Tejeda y Almijara.

Desde este enclave se contemplan los pueblos blancos de la comarca, el monte Bentomiz y, en la lejanía, el mar.


La bodega fue creada por el matrimonio neerlandés formado por Clara Verheij y André Both, que se instaló en la zona durante la década de 1990. Lo que comenzó como la recuperación de unas antiguas viñas abandonadas fue convirtiéndose progresivamente en un proyecto profesional. Tras varios años de elaborar vinos para consumo propio, adquirieron equipamiento enológico en 2003 y comenzaron a comercializar sus vinos a partir de la cosecha de 2004. André Both, de formación técnica y vinculado al diseño y la construcción, levantó posteriormente el edificio destinado a la producción, la degustación y, más adelante, la actividad de restauración.
Su arquitectura
El edificio de Bodegas Bentomiz constituye uno de los aspectos más singulares del conjunto.

En contraste con la arquitectura tradicional de la zona, caracterizada por cubiertas de teja ondulada, ventanas reducidas y paredes enlucidas y jalbegadas de blanco de cal en todas sus paredes como forma de adaptación al clima, el edificio apuesta por una arquitectura contemporánea de volúmenes geométricos sencillos, grandes huecos acristalados, terrazas y una envolvente revestida con piezas de pizarra de tonalidades variables.
La concepción y la construcción corresponde a André Both, el propietario, en diálogo con el arquitecto holandés Henk van der Woude (Buro Remake) y la colaboración del arquitecto italiano Michele Santonastaso. El proyecto se llevó a cabo entre 2005-2014.
El edificio se organiza en una planta baja (semisótano) y una primera. En la planta baja se encuentra la zona de la elaboración y crianza de los vinos: el cuarto de máquinas, el área de elaboración y crianza del producto y el local de embotellado y embalaje.




En la planta alta, accediendo por una escalera equipada con salva-escaleras mecánico, se ubican la oficina, el laboratorio enológico, la sala de conferencias y catas, la cocina, y los servicios. Dicha planta tiene un acceso propio debido a la pendiente del terreno.


Como señalaba, ni la forma, ni el revestimiento pétreo pretenden reproducir una construcción rural tradicional. La concepción del edificio pretende establecer una relación visual y material con los suelos oscuros y fragmentados de la finca. Los colores grises, cobrizos, violáceos y ocres de las fachadas recuerdan las variaciones minerales de la pizarra y reducen el contraste entre el edificio y la montaña. De este modo, esta pieza de apariencia moderna busca integrarse en el paisaje alejándose de la tradición.
Pero para conseguir esta simbiosis del edificio con la geología pizarrosa del terreno fue preciso recurrir a placas de pizarra importada de Australia, dado que la pizarra natural de la zona es muy blanda, no se pueden obtener lajas por exfoliación y, en construcción, solo puede utilizarse como piedra de mampostería.
La implantación aprovecha la pendiente natural. Parte del edificio se apoya sobre la ladera, mientras que otros cuerpos se proyectan hacia el valle, y crean balcones, terrazas y miradores. Las grandes superficies acristaladas convierten el paisaje en parte del espacio interior: las montañas, los viñedos y los pueblos blancos funcionan como fondo permanente de las zonas de degustación y de restauración.
Un viñedo de montaña
El paisaje en el que nace el proyecto determina tanto sus vinos como su arquitectura. Las viñas se encuentran en laderas abruptas, a altitudes comprendidas aproximadamente entre los 500 y los 850 metros, sobre suelos de pizarra atravesados por vetas de cuarzo blanco. Algunas cepas tienen entre ochenta y cien años.
La precipitación media anual ronda los 500 litros por metro cuadrado, mientras que las brisas procedentes del Mediterráneo y el descenso nocturno de las temperaturas moderan parcialmente los largos veranos secos.



La pendiente impide prácticamente cualquier mecanización, por lo que la mayor parte de las labores debe realizarse manualmente. Las cepas tradicionales se cultivan en vaso bajo mediante la denominada poda rastrera, que permite que la planta crezca cerca del suelo y que los racimos maduren parcialmente protegidos del sol.
Se trata de una viticultura extrema, conocida como “viticultura heroica”, heredera de una tradición agrícola que ha modelado durante siglos las montañas de la Axarquía.
Las variedades de uvas
La variedad principal es la moscatel de Alejandría, una uva históricamente vinculada a Málaga y utilizada aquí tanto para elaborar vinos secos como dulces.
La bodega también trabaja con romé, una variedad tinta autóctona de la Axarquía muy poco extendida, además de tempranillo, merlot y Pedro Ximénez, entre otras.
Los vinos de Bodegas Bentomiz
La bodega presenta actualmente una colección de once vinos que abarca blancos secos, rosados, tintos, vinos naturalmente dulces y espumosos. La gama demuestra que la moscatel de Alejandría puede ofrecer expresiones muy diversas y no únicamente vinos de postre.
La producción principal se comercializa con el nombre Ariyanas, antiguo topónimo asociado a una aldea morisca que habría existido junto al viñedo antes de la conquista cristiana. Según la bodega, el término procede de una palabra árabe relacionada con los aromas, una referencia especialmente adecuada para los vinos elaborados con moscatel.
La oferta la forman Ariyanas Seco sobre Lías Finas, un moscatel seco; Ariyanas Naturalmente Dulce, un moscatel dulce sin adición de alcohol; Ariyanas Terruño Pizarroso, una versión más concentrada y compleja de la moscatel dulce; Ariyanas Romé Rosado, un rosado de uva romé; Ariyanas Tinto elaborado con merlot, tempranillo y una pequeña proporción de romé; David Tinto Dulce, un vino naturalmente dulce de merlot; PiXel, un blanco joven de Pedro Ximénez y moscatel; y Rayya, un tempranillo joven elaborado mediante maceración carbónica.
Bentomiz también colabora con Lobban Wines en una pequeña gama de espumosos elaborados mediante el método tradicional. Su particularidad consiste en utilizar vinos dulces de Bentomiz como licor de expedición, hecho que crea una conexión entre los espumosos y la identidad malagueña de la bodega.

Para los vinos dulces, la uva se asolea después de la vendimia. Además de emplear los tradicionales paseros axárquicos, la bodega utiliza unas estructuras elevadas o “rejas flotantes”, concebidas para que el aire circule alrededor de los racimos por ambas caras.
Ejemplo de paseros tradicionales axárquicos (secaderos de uvas pasas).

La fermentación se realiza en depósitos de acero inoxidable a temperatura controlada y se detiene mediante la aplicación de frío, sin añadir alcohol, lo que permite obtener vinos naturalmente dulces que conservan una notable frescura y acidez.
Entre todos sus vinos destaca el Ariyanas Naturalmente Dulce, un vino dulce tranquilo, reiteradamente premiado.
En sus pocos años de existencia, los han recibido numerosos premios enológicos.

Enoturismo y gastronomía
Bodegas Bentomiz combina actualmente la producción de vino con visitas, catas y gastronomía.
El recorrido
En el punto de encuentro frente al edificio, los grupos de visita se distribuyen según el idioma: español e inglés.

El viñedo
Como la bodega se encuentra dentro de la finca, no hay que desplazarse para recibir las explicaciones sobre el viñedo y la uva. Dado que la visita tuvo lugar a finales de octubre, el viñedo no lucía sus mejores galas.


La zona de la elaboración y crianza de los vinos
En la planta baja se encuentra el cuarto de máquinas, la zona de elaboración y de crianza del producto, así como el local de embotellado y embalaje.










La cata y la tienda
En la planta alta, accediendo por una escalera, están la sala de y catas el restaurante y la tienda. Esta planta también tiene un acceso directo debido a la pendiente del terreno.


En la cata se ofrecen todas las explicaciones enológicas y se degustan cuatro vinos de los once que se producen en Bodegas Bentomiz mencionados anteriormente.

Como es habitual, se pueden comprar estos vinos, así como otros productos propios de la zona, como aceite de oliva y vinagre.
Terminada la cata, es el momento de dirigirse al amplio ventanal con terraza sobre el valle para admirar las vistas espectaculares.





La gastronomía
En 2015, coincidiendo con la finalización del edificio, Bentomiz amplió su propuesta con la apertura de un restaurante. André Both asumió la dirección de la cocina y comenzó a diseñar platos pensados específicamente para armonizar con los vinos de la casa. A diferencia de un restaurante que selecciona el vino después de crear el menú, aquí el proceso parte con frecuencia del vino y de sus aromas, texturas, acidez o dulzor.
Optamos por la propuesta de tres platos con maridaje.
Como el tiempo era muy agradable, el almuerzo se sirvió en la terraza posterior del edificio, junto a la ladera del viñedo.
Realmente, quedarnos a comer en el restaurante fue una decisión acertada. La comida fue de gran nivel, perfectamente complementada por el maridaje con sus vinos.
Como apuesta radical, no se sirve café después de la comida. Quieren que te quedes con el recuerdo de los sabores del vino.



Desde esta zona completamos las vistas.

El regreso hasta el aparcamiento después del ágape permite recrearse tranquilamente en la observación del edificio.

Fin de la visita
Más que una simple explotación vitivinícola, Bodegas Bentomiz representa una intervención completa sobre el paisaje: recupera viñas antiguas, mantiene variedades locales, aplica técnicas contemporáneas de elaboración y utiliza la arquitectura para reforzar, mediante un lenguaje moderno, el vínculo entre el vino y el territorio.
El resultado es una bodega de la Axarquía, en la que destacan los moscateles y los vinos de romé, así como la imagen de su edificio de pizarra suspendido sobre las pronunciadas laderas de Sayalonga.
En resumen, en Bodegas Bentomiz el vino no se presenta de manera aislada. Se explica a partir del suelo en el que crecen las cepas, del esfuerzo manual necesario para cultivarlas, del edificio que se inserta en la ladera y de los platos concebidos para acompañarlo todo ello en una integración entre viticultura, elaboración, arquitectura y gastronomía.